Dependencias diversas: La Ley de Dependencia diferencia entre dependencia moderada, severa y gran dependencia.

Dependencias diversas:
La Ley de Dependencia diferencia entre dependencia moderada, severa y gran dependencia.

Según los últimos datos disponibles, del 31 de marzo de 2024, desde el año 2007 se han realizado un total de 983.919 solicitudes de valoración del grado de dependencia. De estas, 635.946 han sido peticiones de revisión de grado. La mayoría de las solicitudes, un 60,7 %, provienen de mujeres, mientras que el resto son de hombres, y un 54,2 % de los solicitantes tienen más de 80 años, seguidos por aquellos de entre 65 y 79 años.

Ahora bien, no todas las solicitudes llegan a buen término. Actualmente, de ese total, hay 868.430 que se incluyen en el tramo del programa individual de atención (PIA). En 2024 se han realizado 9.542 PIAs iniciales y 30.818 modificaciones. Del total desde 2007, un 14,8 %, alrededor de 131.000, no se han llevado a cabo debido a caducidades, desistimientos y defunciones previas a la realización del PIA.

El procedimiento para el reconocimiento de la dependencia —que se otorga a personas a partir de los 3 años de edad— comienza con la solicitud de una cita previa en el servicio de Atención Primaria de Servicios Sociales del Ayuntamiento correspondiente. Una vez realizada la petición, un trabajador social visitará a la persona para la que se solicita la dependencia en su domicilio y elaborará un informe basado en el baremo de valoración de la dependencia (BVD). Este baremo establece los tres grados de dependencia: moderada, severa y gran dependencia.

Aunque la realidad demuestra que los plazos se alargan, según la ley, en un plazo de tres meses se emitirá una resolución que determinará el grado de dependencia de la persona solicitante. A partir de la resolución del grado, se establecerá un PIA de acuerdo con las preferencias de servicios o prestaciones correspondientes al grado otorgado.

La definición de los grados es la siguiente:

Grado I. Dependencia moderada:
Se considera que una persona tiene un grado de dependencia moderada cuando necesita ayuda para realizar diversas actividades básicas de la vida diaria, al menos una vez al día, o tiene necesidades de ayuda intermitente o limitada para su autonomía personal.
(De veinticinco a cuarenta y nueve puntos en el BVD).

Grado II. Dependencia severa:
Se considera que una persona tiene un grado de dependencia severa cuando necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria dos o tres veces al día, pero no requiere la presencia permanente de una persona cuidadora o tiene necesidades de ayuda extensa para su autonomía personal.
(De cincuenta a setenta y cuatro puntos en el BVD).

Grado III. Gran dependencia:
Se considera que una persona tiene gran dependencia cuando necesita ayuda para realizar diversas actividades básicas de la vida diaria varias veces al día y, debido a su pérdida total de autonomía mental o física, requiere la presencia indispensable y continua de otra persona o necesita ayuda generalizada para su autonomía personal.
(Igual o superior a setenta y cinco puntos en el BVD).

Qué implica cada grado de dependencia

Los baremos de valoración de la dependencia son el instrumento que utilizan los profesionales acreditados para determinar las situaciones de dependencia moderada, severa y gran dependencia.

Estos baremos establecen los criterios de valoración del grado de autonomía de las personas y de su capacidad para llevar a cabo las actividades básicas de la vida diaria. La valoración tiene en cuenta tanto los informes relativos a la salud de la persona como el entorno en el que vive. La puntuación del grado de dependencia se basa en las tareas básicas de la vida diaria que la persona no puede realizar por sí sola.

Por ejemplo, como se puede observar en el cuadro adjunto, una persona con dependencia moderada necesitará ayuda para recordar cuándo debe tomar los medicamentos, apoyo puntual para desplazarse o para preparar la comida. En el caso de una dependencia severa, necesitará un cuidador que le ayude a levantarse de la cama, vestirse o comer. En el caso de la gran dependencia, se aplica a personas con una incapacidad casi total. No pueden moverse y necesitan una grúa para hacerlo, o no pueden comer y requieren asistencia total.

Revisiones de grado y demencia

Dado que los cambios en una persona con dependencia son constantes y nunca hacia la mejora, se pueden realizar revisiones de grado en función del empeoramiento del solicitante. En este sentido, también influyen las enfermedades mentales o degenerativas como el Alzheimer. Una persona con Alzheimer puede no presentar todas las afectaciones físicas, pero con el tiempo empeora porque el cerebro deja de dar las órdenes necesarias al resto del cuerpo. En una etapa inicial, se observa pérdida de equilibrio, debilidad muscular o dificultades para contener la orina, y hacia la etapa final, hay más posibilidades de caídas por falta de control corporal o problemas para tragar alimentos.

La prioridad en el acceso a los diferentes servicios para las personas dependientes depende del grado reconocido en cada momento y también de la capacidad económica del solicitante. Los servicios se obtienen mediante copago. Así, el demandante recibe una ayuda, pero también debe pagar una cuota mensual, ya sea para un servicio menor o para una estancia en una residencia.

Claves de la ley de la dependencia

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